Reseña Searle: Expresiones, significado y actos de habla — Sergio

Reseña

Capítulo 2: Expresiones, significado y actos de habla.

Searle, J. R. (1994). Actos de habla: Ensayo de filosofía del lenguaje (A. Alvarez, Trad.). Planeta-Agostini. Pp. 31 – 61.

En este capítulo del libro, John Searle continúa con su argumentación acerca de por qué el lenguaje está gobernado por reglas o, concretamente, por elementos convencionales instituidos que definen los significados de las expresiones emitidas por hablantes en contextos sociales. Para ello, Searle define en el capítulo distintos géneros de los actos de habla y, a continuación, pasa a especificar los sentidos particulares que atribuye a los conceptos de proposición, regla, significado y hecho.

En primer lugar, los géneros o categorías de los actos de habla son los siguientes: a) emitir palabras, es decir, establecer la constitución morfológica de las expresiones lingüísticas; b) referir y predicar, es decir, establecer en la expresión sobre qué cosa, proceso, evento o acción se está predicando algo (se está formando una proposición); y, finalmente, c) ejecutar actos ilocucionarios, es decir, manifestar cierta intención con la expresión: afirmar, preguntar, ordenar, explicitar un deseo, etc. Para Searle, los géneros de los actos de habla están anidados, pues para ejecutar actos ilocucionarios suele ser necesario crear proposiciones, y para crear proposiciones suele ser necesario emitir palabras (en la figura al final del texto se ilustra ese anidamiento). Es por esto que Searle afirma que “el ropaje gramatical de un acto ilocucionario es la oración completa” (p. 34).

Para detectar estos géneros en un acto de habla, se identifican los indicadores proposicionales (que no se explican en el capítulo que reseño aquí) y los indicadores ilocucionarios: cosas como el tipo de palabras, el todo de la voz, el modo del verbo, etc.

En cuanto al significado, basado en la teoría de John Austin, Searle establece que, si los actos ilocucionarios tienen que ver con las intenciones, los actos perlocucionarios se relacionan con los efectos de los actos de habla. En otras palabras, el acto perlocucionario implica un cambio en las actitudes intencionales del receptor del acto de habla. Por ejemplo, modificar una creencia, realizar un acto en el mundo, establecer un deseo, etc. Así, para Searle, y haciendo una crítica a Paul Grice, el significado consiste no en la intención del emisor (en lo particular de su acto ilocucionario) sino en los efectos perlocucionarios en el receptor. Particularmente, el efecto de “compresión”, es decir, de reconocer la intención que tiene el emisor de comunicar y el contenido proposicional que se (asume que) comunica.

Finalmente, para justificar cómo es posible que un receptor reconozca intenciones o comprenda qué es lo que busca significar un emisor, Searle establece que todos los lenguajes funcionan a partir de reglas constitutivas. Las reglas constitutivas, a diferencia de las reglas regulativas, en cierto modo “crean” el objeto que regulan. Bajo la condición: X cuenta como Y en el contexto C, permiten instituir o empezar a usar o a tratar algo como lo que la regla constituye. En otras palabras, las reglas constitutivas producen en el mundo nuevas especificaciones, nuevas posibilidades para actuar, nuevas formas de conducta. Uno de los ejemplos que usa Searle es el Jaque Mate, que solo existe en el mundo porque existen reglas del ajedrez que lo definen como tal. Así, las reglas constitutivas son las que permiten instituir o crear nuevas realidades sociales, lo que Searle llamaría “hechos institucionales”, que se diferencian de los “hechos brutos” en tanto su existencia depende de la construcción de convenciones sociales. El significado es, en consecuencia, un resultado de las reglas constitutivas de los lenguajes, pues son las convenciones las que le permiten a un receptor interpretar la intención y el contenido de un hablante.

Preguntas:

Aunque el texto de Searle me pareció muy sistemático y abundante en ejemplos claros, me queda una pregunta pertinente para las discusiones que se han llevado a cabo en el doctorado. De acuerdo con Searle: “los diferentes lenguajes humanos, en la medida en que son intertraducibles, pueden considerarse como plasmaciones convencionales diferentes de las mismas reglas subyacentes” (48). Es decir, para el autor, todos los lenguajes son manifestaciones de un sistema de reglas universales que existen en El Lenguaje. Sin embargo, y pensando en las discusiones que hemos tenido acerca de la interculturalidad y la coexistencia de distintas ontologías en el mundo, me pregunto si realmente todos los lenguajes son intertraducibles o incluso conmensurables, o si, por el contrario, existen reglas constitutivas intraducibles que muestran que más que unas reglas universales existen múltiples maneras de organizar el significado.

Otro cuestionamiento que se podría hacer a la propuesta de Searle es qué sucede con el razonamiento abductivo que puede realizar un receptor cuando da significado a lo que expresa un emisor. Según como lo define Searle, debido a su fuerte énfasis en las reglas sociales del lenguaje, el significado está dado por el reconocimiento de intenciones reguladas por tales reglas, que son hechos institucionales que preceden a la interacción. Sin embargo, como lo hemos visto en nuestra vida cotidiana infinidad de veces, la comunicación no solo opera bajo el sistema ordenado que propone Searle sino que está llena de equívocos, de lecturas no solo de intenciones sino de los aspectos estéticos de la comunicación, de conjeturas abductivas acerca del contexto y las ideas que exceden la interacción social inmediata. En mi opinión, todos estos actos también merecen ser llamados “significado” y tienen implicaciones en cómo interpretamos el discurso.

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