EL CONTROL SOBRE EL CUERPO Y LA PALABRA

En esta reseña se analizará el texto “Ideologemas del español en la primera mitad del siglo XX en Colombia” que da cuenta de los esfuerzos por construir un proyecto de modernidad y de nación a partir de sistemas simbólicos y culturales como la higiene o el lenguaje. Para esto, la autora parte de definir la glotofagia o glotopolítica como una de las prácticas comunes para la imposición de una cultura sobre otra, que termina por anularla.

La autora nos habla que “el estudio de la lengua no solo se interesa por comprender el contexto social y político en el que emerge, sino que también se enfoca en la regulación que esta establece en la vida social y política… La lengua sirve para permitir el ejercicio de poder y para crear sistemas simbólicos por medio de los cuales se puede ejercer una función política de dominación, en la medida en que lo simbólico también impone un significado al mundo y a las relaciones sociales.” (Molina, 2019). La glotopolítica sería la instauración de un sistema social basado en la glotofagia, siguiendo la definición de Wikipedia: “La glotofagia (del griego glosa, “lengua”; y phagos, “comer”), lingüicidio o genocidio lingüístico designa el proceso político-social mediante el cual la lengua de una determinada cultura desaparece parcial o totalmente, víctima de la influencia, en mayor parte directa y coercitiva, de otra cultura… La desaparición de una lengua no guarda relación con alguna supuesta inferioridad, o superioridad, de su sistema lingüístico, sino que se relaciona con factores no lingüísticos como pueden ser la inferioridad militar de un pueblo sobre otro o las posibilidades de resistencia del pueblo que la habla.” (Wikipedia)

Esta práctica sistemática que lleva más de 500 años en nuestra región y que se ha identificado en diferentes momentos de la historia de la humanidad, entiende el poder simbólico del lenguaje como uno de los principales elementos de cohesión social y ve en el exterminio de la lengua la única forma de acabar por completo con una comunidad. En nuestro país actualmente se conocen 70 lenguas de ellas 65 son indígenas, sin embargo, a la llegada de los españoles a América, “se encontraron con una gran diversidad de lenguas porque, posiblemente, Sudamérica era el territorio de mayor diversidad lingüística del mundo, siendo las lenguas nativas innumerables. Se llegó a indicar unas ciento setenta grandes familias de idioma con la particularidad de que cada uno de esos grupos lingüísticos, que venía a ser como el indoeuropeo, comprendía numerosas lenguas y éstas a su vez, un buen número de dialectos que con frecuencia se hallaban muy distanciados entre sí, cuyo número sólo para la América meridional se ha calculado en más de dos mil hablas locales o variedades dialectales.” (Pedroviejo, 2012). Es interesante ver como en el territorio que hoy se conoce como Colombia cada pueblo conservaba su manera de llamar las cosas, pero lograban comunicarse con otros pueblos al comerciar. El proyecto de exterminio que siguió hasta prácticamente el siglo XXI se hace evidente en los textos escolares, leyes, artículos en medios e inclusive en el habla cotidiana donde aún se expresan insultos como guaricha o indio.

La lengua ha sido y sigue siendo un espacio de luchas intensas y acciones de poder que se ejercen sobre el uso cotidiano a través de colegios e instituciones religiosas. En Colombia, por ejemplo, la ortografía y el uso correcto del lenguaje ha sido una manera de constituir divisiones en lo social, económico, de propiedad, inclusive de derecho a existir. El habla correcta permite al que escucha, saber la procedencia y la forma de tratar al que habla, los errores en el lenguaje evidencian la falta de educación y la pertenencia a una clase que no ha sido educada a cabalidad, según las reglas de la modernidad o siguiendo a Bourdieu, las que no tienen suficiente capital cultural.

Entrando el siglo XX el uso correcto del lenguaje se comenzó a relacionar con otras prácticas propias de las élites, muchas de ellas aprendidas en el extranjero. Inclusive, según la lectura, se desarrolló un complejo aparato de selección social a partir de estos elementos, “El imaginario de la blancura producido por el discurso de la pureza de sangre fue una aspiración internalizada por todos los sectores sociales de la sociedad colonial y fungió como el eje alrededor del cual se construyó (conflictivamente) la subjetividad de los actores sociales. Ser “blancos” no tenía tanto que ver con el color de la piel, como la escenificación personal de un imaginario cultural tejido por creencias religiosas, tipos de vestimenta, certificados de nobleza, modos de comportamiento y (esto es muy importante) formas de producir y transmitir conocimientos… En esta misma línea, se consideraba que la mugre, la deficiencia alimenticia y la falta de moral e higiene precipitaban el pueblo hacia la degeneración (Hering, 2013)” (Molina, 2019).

Otra autora que ha dedicado su trabajo a las formas en que se construyeron el cuerpo y la comunidad en los últimos siglos, fue Zandra Pedraza, que nos dice como “la educación del cuerpo fue uno de los diversos procesos que debieron modificarse en el país para que al menos algunos grupos adoptaran varios aspectos formales de las burguesías europeas. Muchas actividades privadas se convirtieron paulatinamente en hábitos corporales de apariencia tan natural que su sentido inicial desapareció entre las ruinas cotidianas.” (Pedraza, 2012). Hace evidente un proceso del que hicieron parte diferentes sistemas, por ejemplo el educativo, con la creación de los colegios Gimnasio Moderno y Femenino y la inclusión en las cartillas de estudio de las obligaciones tanto en la higiene cotidiana, como del vestir o los modales, entre otros elementos que constituyeron el deber ser.

Para Pedraza, esta educación se centraba en el cuerpo como vehículo para lograr la modernidad en la naciente nación, “[e]sta laboriosa educación del cuerpo hizo parte de los muchos esfuerzos emprendidos en Colombia desde el inicio de la república para que la identidad nacional cobrara vida… Junto a factores como el enaltecimiento de la raigambre europea, la lengua castellana, la religión católica, el mestizaje y el territorio, con sus posibilidades éticas y productivas, se consideró que otros factores también debian entrar a hacer parte de la experiencia de los ciudadanos para alentar la identidad nacional.” (Pedraza, 2012)

Este ejercicio de nación es también un ejercicio de poder donde las élites continúan construyendo las reglas para su buen vivir a partir de lo que aprenden principalmente en el exterior y no le permiten acceder a los demás, sino a través de ellos. Había una forma natural de llegar a estos aprendizajes y se constituía con viajes al extranjero, haciendo parte de círculos de conocimiento, naciendo en entornos donde estas reglas ya estaban incorporadas, y otra que era dolorosa y obligaba una transformación que era impuesta por cartillas, colegios e instituciones religiosas, como por el enjuiciamiento cotidianidad donde una persona podría pasar la pena de no saber hablar. Como hace evidente Molina, “Por tanto, la civilización representaba un ideal desde el cual se construían dispositivos diferenciadores. “Donde hay orden, hay poder: donde hay poder, subordinación; donde alteridad, clasificación” (Hering, 2013, p. 390).” (2019), la lengua fue entonces un dispositivo de blanqueamiento. Cantinflas y Don Chinche son respuesta a estas obligaciones, retomando la realidad cotidiana de la mayoría de las personas en países como Colombia, llena de palabras y formas extrañas de decir las cosas, de errores y disculpas, de tácticas que permiten caer bien a pesar de sonar mal, y poniéndola como un atributo y no como algo a cambiar.

Este proyecto de usar la lengua para el progreso nace con la industrialización que demanda en el país una nueva clase de trabajadores que acepten las reglas de la élite para hacerse parte de sus empresas. “Mi hipótesis es que la industrialización del país demandaba una nueva relación de las personas con el movimiento y con ello la emergencia de unas subjetividades cinéticas capaces de hacer realidad el orden social imaginado –pero no realizado– por las elites liberales del siglo XX. (p. 12)… Esto se hizo evidente en el Congreso (1919) arriba mencionado cuando se señaló que: A fin de formar hombres que, mediante una adecuada educación científica, puedan atender a las necesidades y exigencias de la vida mercantil, todos los gobiernos se esfuerzan por crear y sostener escuelas en donde a los jóvenes les sea dable consagrarse al estudio de las matemáticas aplicadas al comercio, la geografía económica, los diversos medios de transporte, las tarifas aduaneras, la moneda, la organización bancaria, la legislación mercantil comparada, los progresos de la física y de la química en sus relaciones con los productos comerciables, las principales lenguas extranjeras con su aplicación al comercio y la vida internacional contemporánea. (p. 26)”. (Molina, 2019). Como vemos, los nuevos empleados debían estar a la altura de un mundo imaginado por las élites siguiendo patrones aprendidos en el exterior y debía incluir conocimientos científicos, religiosos y culturales, como la lengua propia, la del país.

Como nos menciona Pedraza, la élite criolla vive, y sigue viviendo, la segregación en el exterior y se proyecta sobre sus empleados convirtiendo este estigma en una forma de segregación en el país. “El estigma impreso por el sentimiento de hacer parte del mundo civilizado pero ser rechazado por él lo reconoció la élite en los cuerpos propios y en los de los habitantes de las más diversas regiones del país.” (Pedraza, 2012).

La lengua también funciona como dispositivo de progreso a partir de su riqueza simbólica y permite usar palabras que son conceptos y que cargan un extraño poder sobre la realidad cotidiana: prestigio, riqueza, belleza, felicidad, poder, entre otros, son términos codiciados en países como Colombia que parten de la imposición del capital como sistema económico, pero, como tanto en nuestro país, es parasitado y convertido en un extraño concepto en manos de narcotraficantes que se enriquecen sin educación, sin capital cultural, y a los que todos estos dispositivos en vez de querer corregir, adoptan y convierten en nuevas formas de existir, dándole paso, por la misma vía, a la libertad y las nuevas formas de pensamiento en un país construido a retazos. El narco ahora es portador de estos conceptos como riqueza, poder y felicidad, y la élite deja de luchar para aceptarlo y no perder sus comodidades.

Finalmente, y como vimos al comienzo, la lengua se consolidó como elemento esencial en la consolidación de la nación. La educación fijó como principal el aprendizaje del español y se hicieron esfuerzos tanto públicos como privados para lograr que todos los habitantes del país conocieran y vivieran en una sola lengua. Entre los textos a resaltar, el Convenio No 169 sobre Pueblos Indígenas y Tribales en Países Independientes. OIT, en su artículo 28 dice, “Deberán tomarse medidas adecuadas para asegurar que esos pueblos tengan la oportunidad de llegar a dominar la lengua nacional o una de las lenguas

oficiales del país.” Lo que se debe tomar en una doble lectura: Por un lado, fue importante para lograr la igualdad en diferentes regiones del país a través de lograr acceso a la lengua común, pero por otro, este mismo esfuerzo terminó fortaleciendo la idea de una sola lengua y ayudando a la extinción de otras lenguas en el país.

Como mencionamos, por un lado, “En esta resolución se considera que es necesario extender la cultura colombiana en las capas populares del pueblo, con el fin de mejorar su desarrollo espiritual y afianzar un conocimiento sólido de nuestra nacionalidad. Además, con la creación, en cada uno de los municipios del país, las Juntas de Alfabetización lucharon contra el analfabetismo.” (Molina, 2019). En este sentido nacieron proyectos como Radio Sutatenza que, según la página de Señal Memoria, “Radio Sutatenza fue creada en 1947 para mejorar la eficienciente educación del campesinado colombiano y su calidad de vida. En su momento, se volvió una herramienta tan básica como el azadón. Hoy su historia es un referente de modernización y democracia.” (Señal Memoria). Si bien este proyecto permitió la alfabetización, también hizo parte de la construcción de un proyecto de nación, “Derivado de este contexto, la enseñanza del idioma patrio se convirtió en un proyecto nacional a través del cual la sociedad se integraba en un marco común, el cual se dirigía hacia la modernidad. En este sentido, el español se configuró en el eslabón donde se articularon el proyecto moral y político en un solo camino de consolidación de la nación. Y en un marco más amplio, la educación se configura como un pilar para lograr el proceso civilizatorio, en el cual se consolida la nacionalidad y un idioma único. La lengua es el espíritu de la nación. Por ello, “enseñar el castellano era propender por la ‘unidad nacional’” (Pineda, 2000, p. 106).” (Molina, 2019).

Concluimos siguiendo a Molina: “En definitiva, se puede señalar que la lengua permitió abonar en el camino del proyecto nacional hacia la consolidación de una misma sociedad que aspira el desarrollo y avanza hacia el progreso. Finalmente, en palabras de Castro-Gómez (2008), “la nación surgió como una forma de civilizar y normalizar las poblaciones, bajo los objetivos del capitalismo industrial y de la constitución de un orden social burgués” (p. 20). Así mismo, aparece una identidad nacional en la que se reconoce la población; pero es precisamente a través de las identidades que se generan inclusiones y exclusiones sociales, puesto que, retomando a Castro-Gómez (2008), las identidades no son solo objeto sino mediadoras de las disputas sociales, de la reproducción o la confrontación de los andamiajes de poder en las diferentes escalas y ámbitos de la vida social.” (Molina, 2019).

Pero las nuevas identidades juegan con el lenguaje y van construyendo prácticas que se han tenido que aceptar a fuerza de popularización. El lenguaje que se emplea en todo tipo de chats, o en elementos dentro de la conversación como memes, tuits, inclusive en videos de tik tok, han dado un nuevo uso al lenguaje que será difícil de detener. En el texto “El Trap. Filosofía millenial para la crisis en España”, Castro hace referencia a una conversación con un amigo editor: “M bas a korejir las faltas d hortografia?????

Mi amigo editor estaba ante un dilema. Si no corregía las faltas de ortografía de Yung Beef, el libro sería ilegible; pero, si las corregía, entonces ya no sería un libro de Yung Beef. ¿Qué hacer ante esta situación? ¿Dejar las erratas del trapero so peligro de que nadie las entendiera o pulir su gramática a costa de que no pareciera él mismo? ¿Apostar por lo real pero nulo o por lo adecuado pero inauténtico?” Esta discusión demuestra que diferentes aspectos culturales han influido el sueño de autorregulación del capitalismo económico y que son ahora dinámicas como las del fandom, la cooperación y la viralización, las encargadas de poner el valor sobre las mercancías y que cada vez más el lenguaje debe ceder a un poder mayor actual como el de lo económico y lo digital. 

BIBLIOGRAFÍA

Castro, E. (2019) El Trap. Filosofía millenial para la crisis en España. Madrid: Errata Nature.

Molina, J. (2019) Ideologemas del español en la primera mitad del siglo XX en Colombia.

Pedraza, Z. (2011) La educación del cuerpo y la vida privada. En Borja, Jaime Humberto y Pablo Rodríguez​​ (dirs). Historia de la vida privada en Colombia. Tomo II. Los signos de la intimidad. El largo siglo XX. Bogotá: Taurus.

Juan Manuel Pedroviejo Esteruelas (2012) Primeros contactos del español con las lenguas indígenas de América. Revista de Estudios Filológicos.

Wikipedia. La glotofagia, en https://es.wikipedia.org/wiki/Glotofagia. Acceso 22 de agosto 2021.

Señal Memoria. La importancia de Radio Sutatenza en Señal Memoria, en https://www.senalmemoria.co/articulos/la-importancia-de-radio-sutatenza-en-senal-memoria- Acceso 22 de agosto 2021.

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