Codificado – Juan Carlos Torres

Luego de leer el texto de Saldana (2016) es difícil mencionar una ventaja que no haya dicho el autor o una desventaja que no haya desmentido. En primer lugar, las ventajas pasan por considerar la codificación un ejercicio flexible que depende del autor que haga la codificación y no un proceso mecánico y objetivo del cual se desprendan verdades. Los autores en los textos son bastante claros en considerar que el proceso, al depender en muchos momentos del criterio del investigador, da como resultado, más bien, su lectura del fenómeno, la cual no es superficial por ser relativa a él, por el contrario, es profunda, compleja y completa si el proceso se hace con rigor. Con esto, no se pone entonces en entredicho la validez de los ejercicios de análisis, sino que se abre la posibilidad de considerarlos perfectibles, o reescribibles, si es que esa palabra pueda ser la más adecuada. Reinterpretar es reorganizar o modificar la mirada, pero no invalidar lo anterior. Contrario a lo que se piensa, cuando la codificación se hace desde ese punto de vista, entonces nos referimos más bien a un ejercicio profundo, lleno de posibilidades que ayuda a analizar la información desde varias perspectivas y a cuestionar, incluso, los posibles prejuicios que acompañan al investigador antes de enfrentarse a los datos. Además, al ser pensado como un proceso “artesanal”, como lo define Saldana, entonces debemos suponer la importancia que tiene el aporte realizado por el investigador desde su creatividad, desde su capacidad para ver lo datos con otro punto de vista. Los datos, entonces, son como la arcilla, que puede tomar muchas formas, las cuales depende de los preconceptos que tenga el autor. A esto Deleuze (1987) lo llamaría “montaje” como aquel que se encarga de darle forma y materialidad al plano de inmanencia que no es más que una idea que pasa de ser virtual para volverse actual. Así, lo datos son ese virtual que se actualiza (o concretiza) en el momento en el que se codifican.

La desventaja que podría ver no está en el ejercicio de codificación en sí, sino en su necesidad de hacerlo confiable. Cuando se habla de la confiabilidad de la codificación aparece la idea de un segundo investigador y de la variabilidad en el tiempo de los análisis que haga el primero. En ese sentido, mientras menor sea la variación, tanto del ejercicio de un investigador a otro como de los análisis de un mismo investigador en diferentes momentos, mayor es la confiabilidad del ejercicio. Así, da la impresión de que las codificaciones, sujetas por la confiabilidad, no pueden cambiar de manera significativa en poco tiempo o de un sujeto a otro, por lo que parece que cambiar de perspectiva, de formas de pensamiento o de aproximaciones a los datos, no es una tarea sencilla o fácil de concebir. Desde mi punto de vista, la confiabilidad condiciona esa variabilidad que se muestra como una ventaja de la codificación, ya que el investigador, en aras de la confiabilidad, no podrá introducir o hacer relecturas significativas. En ese orden de ideas, podría ser normal que un investigador termine codificando bajo determinados prejuicios o con presiones concretas que vienen de las tradiciones investigativas y teóricas que surgen, seguramente, de las revisiones que haga del Estado del arte, incluso de los puntos de vista o los análisis que tienen mayor protagonismo en los eventos académicos y las publicaciones mejor ranqueadas. Los criterios de confiabilidad, entonces, deberían reconsiderarse.

Por otro lado, mis ejercicios específicos de investigación, tanto el de este semestre como el de la tesis, requieren de una codificación y categorización muy claras. Si bien lo que busco es una forma diferente de analizar la migración que no caiga en los estudios demográficos tradicionales, si hay algo que es evidente, y es que la tradición de esos estudios ha permitido crear unos parámetros muy sólidos para el análisis a los cuales parece necesario recurrir. No se trata de volver a hacerlos, sino de pensar esas mismas categorías en otros contextos. Por ejemplo, la idea de tensiones migratorias, pero vistas en el cuerpo, no en datos demográficos; el concepto de identidad, ya no expresada en lo que se dice de sí mismo, sino en la relación con el territorio a través de lo sensorial; el desprendimiento de su territorio influido por factores externos, ahora pensado en la manera en que ello se refleja en acciones específicas, no en palabras. En mi caso particular, considero que la codificación es necesaria, pero esta debe cambiar para hacerse más amplia y permitir incluir en ellas otros datos, de naturalezas diferentes. Lo que se vuelve un poco complejo, es la manera en que esos datos pueden crear patrones o la manera de sistematizarlos para su análisis. Esto en los estudios tradicionales se conoce como estudio de variables, las cuales son datos cuantitativos que se cruzan, se solapan y se condicionan entre sí, por lo que el reto está en transformar eso cuantitativo en un lenguaje cualitativo y luego en una nueva y diferente codificación cualitativa.

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